Mostrando entradas con la etiqueta El Árbol de la Vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Árbol de la Vida. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de septiembre de 2013

LA MAQUINARIA

Ayer, antes de ir a dormir, las ideas de lluvia (por cierto, ayer ha sido el primer día del otoño, propiamente dicho, en mi tierra con la llegada de las primeras lluvias), otoño, vida y muerte, tiempo se amalgamaron en mi cabeza, y no pude dejar escapar la ocasión que me brindó esta vez la inspiración para escribir este poema a modo de cuento... (y que me he esforzado en rimar en casi toda su extensión).



























Soñé que soñaba con mundos intrépidos

De cuerdas y acero que templa el coraje.

La gran maquinaria colmada de rápidos,

Atrapada y amada por su leso engranaje.
 

Soñé que soñaba con mundos argentos

De cielos de azufre y noches sin lunas.

Mis ojos de miel entrevieron portentos,

Alientos de escarcha, las eras en cunas.
 

Soñé que soñaba con raíces hendidas

En la húmeda tierra y ahora mi hogar.

Timbrando el compás agujas rendidas,

Ondulando las notas del angosto lugar.
 

Soñé que soñaba con tercos universos,

Repletos de hombres en pos de mentor.

Entre gélidos vientos danzaban inmersos,

Entre prados purpúreos acopiaban calor…
 

Desperté y aún soñaba con vívidas imágenes,

Ahora todo chispeaba con prístinas tonalidades:

La muerte era vida, donde la tierra tornaba yerma,

El tempo, la partitura que inscribía cada primavera.
 

Pero un fuerte dolor me acuciaba, desgarrando la herida,

Hasta dejarme inconsciente exánimes ecos de realidad:

Infelicidad, cobardía, tristeza, desasosiego, deslealtad

Tronaban en mi mente y pugnaban por su felicidad;
 

Pero entonces el secreto se reveló delante de mí,

Aunque siempre había estado ahí, en la corteza,

En sus anillos concéntricos sin alfa ni omega,

Encerrando con robustez la fragilidad para sí.
 

El misterio de los reversos en sus entrañas,

El equilibrio, que fue robado, en sus redobles.
 

Y sólo quedaba una emisaria,

Una ofrenda escarlata de paz.

Detenida ante el dorado carillón,

Ante las nobles arrugas del Tiempo.
 

Sus ojos insondables y profundos,

Reflejando las costuras del espacio,

Remendadas con sufrimiento y deleite,

Aventajadas por tinieblas preñadas de luz.
 

JUAN M LOZANO GAGO ©
Todos los derechos reservados
















 


Mike Oldfield - The Song of the Sun