viernes, 24 de mayo de 2013

ENTRE SOMBRAS

No pretendía hoy más que dajaros un poema (véase la entrada anterior), pero sin quererlo, las palabras surgieron en mi mente, y las traspasé al papel antes de que un golpe de aire las hiciese desaparecer.

 
Arrié de nuevo las velas y salí a navegar.
 
Mi amiga la tempestad me esperaba
 
Y las viejas olas de espuma y sal
 
Me envolvían con sus húmedos brazos.
 

Soporté una y más embestidas,
 
La proa estalló en lágrimas de desaliento,
 
Aquellas olas, otrora mis amigas,
 
Querían hundirme y sepultarme en el abismo:
 
 
Lejos de la luz que más quería,
 
Del cielo añil que me daba la vida,
 
Del canto de los abetos al caer el día
 
Del palpitar oculto en mi pecho…
 
 
Coraje, valor, necesité,
 
Retando al mismo océano,
 
Tragué agua a mi pesar,
 
Pero allí estaba tu llama.
 
 
Nadé con fuerza
 
Hacia tu faz encendida.
 
Me aferré al risco con nervio.
 
Con frescura tus brazos me ciñeron.
 
 
La calidez de tus besos
 
Ardieron en mi frío rostro,
 
Y conjurados por la luna…
 
 
El día se hizo eterno,
 
El crepúsculo mi aliado.
 
 
JUAN M LOZANO GAGO ©
 

LAS ERAS













Antes que la luz,

Antes que la oscuridad,

Las estrellas y las noches.

Un estruendo se oyó en el cielo...


El sonido del silencio atrapado

Golpeó con fuerza el vacío.

Todo se llenó otra vez,

El disco reanudó su giro

Y las eras danzaron de nuevo.


Melodías,

Ecos remotos,

Armónicos ignotos,

Ultimando los detalles.


Pasiones,

Amor, odio,

Paz y quebranto,

Alborozo y pesar,

Asiéronse de la mano con brío...


Las férreas cadenas cayeron,

Mas no hubo estrépito alguno,

Pues ¡la música había brotado!


JUAN M LOZANO GAGO ©



Michael Nyman - The Departure

martes, 21 de mayo de 2013

ARBOLEDA














Por un desierto vagaba,

Mi única compañía la sed.

Las fuerzas me abandonaban,

Cuando un oasis encontré.


Una nívea flor había,

Sola esperando por mí:

"Aquí siglos he morado,

Tu venida, mi existir".

 
Afligido y admirado,

Con mis dedos la rocé.

No inútil fue mi pugna,

Ni el aliento malgasté.


Anduve con pesadumbre,

Larga la singladura fue.

Tomé la llave entre mis manos,

La puerta ante mí se hendió.


Un fulgor me deslumbró...

Recobró la flor su esplendor.

Sin arena bajo mis pies,

La arboleda divisé.


JUAN M LOZANO GAGO ©
 

viernes, 17 de mayo de 2013

FUEGO INTERIOR
















En esa noche en la que mi corazón ardió,

Mis sentimientos volaron con el aire hasta encontrarse con el mar...

¡Mas nadie lo vio,

Sólo el mar y yo!


Pensamientos y emociones bucearon llevadas por las corrientes…

Sintiendo el frescor del mar,

Me perdí entre sus olas.

Soñado por el mismo mar,

Flotaba entre sus brazos.

Mecido por sus aguas,

Me dejé llevar…


Tras la fina capa de agua,

Un rayo de sol me deslumbró.

El sueño soñado por la noche,

Extraviado en el abismo se quedó.

Y la luz de mi corazón con la estrella afortunada se reunió.

¡Inseparables hasta el nuevo día,

Caminamos sin destino!


“Luz de mi alma,

Luz de mi vida,

Luz de esperanza,

Cada día te siento,

Cada noche te espero.


Y la luna me habla de tu amor infinito,

Y la luna me cuenta de una conjunción irrompible,

Y mi rostro sonríe,

Y la noche no es oscura,

¡Pues la luna me transmite

Tu mensaje con afecto!


Y todavía se oyen esas bellas melodías,

Entonadas por el mar,

Cantando la historia sin cesar:


“Hubo una vez un corazón ardiente,

Y una luz que palpitaba…

Juntos de la mano su camino siguieron,

Una estela iridiscente a sus pasos acompañaba.

La luna los contemplaba

Y el sol los encendía…

Y dicen las leyendas

Que aún la arena los recuerda

Por sus dulces pisadas marcada.


JUAN M LOZANO GAGO © Todos los Derechos Reservados

jueves, 16 de mayo de 2013

El árbol del amor


Quiero compartir con todos vosotr@s esta preciosa historia sobre el Árbol del Amor, extraída de "Leyendas de Zacatecas: Cuentos y Relatos" de Juan Francisco Rodríguez Martínez.
 
En Jerez de la Frontera tenemos el placer de contar con uno de los ejemplares del Árbol de la belleza, del romanticismo (Cercis siliquastrum), que es además el más longevo de la ciudad.
 
El nombre científico de este árbol deriva del griego "Cercis" (navecilla), aludiendo probablemente a la forma del fruto y de la flor; "siliquastrum" está formado por la voz latina "silique" (algarrobo) y el sufijo "astrum" (parecido imperfecto). El nombre castellano de "árbol del amor" se debe al color rosa de sus flores y a la forma acorazonada de sus hojas. También se le conoce como "árbol de Judea o de Judas" por su origen. Según cuenta la leyenda, Judas Iscariote se suicidó ahorcándose en uno de ellos.
 
Su llegada a Europa tuvo lugar en la época de las cruzadas (año 1200) y su primer destino fue Francia. Desde ese momento su extensión por el continente fue muy rápida.
 
Zoo botánico de Jerez de la Frontera
 
Relato:

Caminante, detén solo un momento tu laberíntico deambular y sígueme; te guiaré hasta un frondoso árbol siempre verde llamado, según unos de origen europeo y según otros, de origen asiático, pero llamaremos con el nombre que le ha dado la leyenda, de "Árbol del Amor". Dice así:

Oralia, la hermosa jovencita de leyenda que dio origen al nombre con que popularmente se conoce al árbol, vivía en una de las señoriales casas que daban marco colonial al jardín. Con la lozanía de su edad, propicia para el primer amor, su cantarina risa contagiaba la alegría de vivir a todo lo que la rodeaba.

Era Juan un humilde pero risueño y noble barretero, que aun despierto soñaba encontrar la brillante veta de plata para ofrecérsela a Oralia, a quien amaba en silencio, mas al sentirla cerca la conciencia de su pobreza la alejaba como la más remota estrella.

Por las tardes, al salir de la mina, Juan se convertía en alegre y locuaz aguador, siempre acompañado del paciente burro al que recitaba sus improvisados versos de amor, caminando más de prisa con la dulce ilusión de contemplar a Oralia al entregarle el cristalino líquido, parte del cual era destinado de inmediato a regar las plantas del jardín y en especial el árbol que cuidaban con esmero.

La juvenil Oralia sentía a su vez nacer un entrañable cariño, más allá de la amistad, por el locuaz aguador que por su parte día a día se ganaba también la estimación de las familias.

Mas sin saberlo Juanillo tenía un rival, que tras la etiqueta de la cortesía y modales refinados, conquistaba cada vez mayor campo en el corazón de Oralia, quien experimentaba la ruborosa turbación de sus encontrados sentimientos, ante la presencia de Pierre, aquel francés que la colmaba de atenciones.

El destino había traído precisamente a su casa al francés al ocurrir la ocupación por las tropas invasoras en 1864, y por cortesía las familias dispensaban un trato deferente al extranjero, eximiéndolo de responsabilidad por los actos de un gobierno al que debía obediencia. El francés, siempre impecable en sus modales y pulcro en el vestir, les visitaba no tanto por corresponder a la amabilidad de la familia, sino con la secreta esperanza de impresionar a Oralia, de quien se había enamorado.

Con el permiso de los padres, solían sentarse bajo la sombra del árbol que Oralia regaba y cuidaba; entonces la joven dejaba volar su imaginación al escuchar la descripción que de su patria le hacia Pierre.

Juanillo sufría en silencio al contemplarlos juntos, incapaz de hacer nada para evitarlo, y al comprender la fatalidad de las barreras sociales que lo separaban de su amor, soñando siempre con encontrar la veta de plata que le ayudara a realizar sus sueños.

Trabajaba duro en minas abandonadas, soportando la fatiga; al final de la jornada, el agua de las minas limpiaba el polvo que cubría su piel, haciendo huir el cansancio, para dirigirse a con su fiel burrito a llenar sus botes del agua de la fuente y repartirla a las familias con quienes se había "amarchantado", cuidando de dejar al final la casa de Oralia para disponer de un poco más de tiempo en su compañía.

La simpatía del humilde enamorado hacía que Oralia lo esperara con impaciencia para que le ayudara a regar su árbol, como ya se había hecho costumbre. Al hacerlo, su regocijo se manifestaba en el lenguaje secreto de los enamorados; el árbol lo sabía y el susurro de sus hojas se confundía con el rumor de las risas de los jóvenes, mientras su follaje se inclinaba, en un intento de protegerlos de miradas indiscretas.

Dolía el corazón a Oralia cuando una tarde se encaminó hacia el templo. Postrada ante el altar, lloró en silencio al comparar dos mundos tan opuestos; su plegaria imploraba ayuda para tomar la decisión acertada en tan cruel dilema sentimental.

Al salir del templo y dirigirse a su casa sin haber logrado adoptar una resolución, se sentó en silencio bajo el árbol y el llanto volvió a sus ojos, su angustia provocaba la alteración del ritmo de los latidos de su corazón, cuando en su regazo cayó suavemente un racimo de cristalinas lágrimas que conmovido el árbol le ofrecía como amigo amoroso en su desconsuelo, y al contacto de sus tiernas manos, las lágrimas del árbol se convirtieron en un tupido racimo de blancas flores.

Oralia recuperó la paz junto a su árbol y encontró el valor suficiente para decidirse por su barretero, sin importarle su humilde condición.

Al día siguiente, el francés se presentó puntual en la casona y con semblante adusto informó de su próxima partida de la ciudad y del país. Otros vientos políticos flotaban en la nación y era urgente su traslado a Francia. Se llevaba el corazón destrozado por verse obligado a abandonar el afecto que había encontrado, y la despedida le resultaba aún más amarga al saber que jamás volvería a ver a Oralia, quien lo despidió junto al árbol, ahora ya tranquila al comprender que había tomado la decisión más correcta de su vida.

Mientras tanto, en la profundidad de la mina donde había cifrado sus esperanzas, Juan vislumbraba un tenue brillo, tan sutil y huidizo como la ilusión; una corazonada hizo intuir al gambusino la veta que buscaba, y con nuevos bríos continuó excavando con su barreta la dura roca que aún se resistía a entregar al imberbe joven su argentífera savia.

Al día siguiente, al llegar con el agua, Oralia lo notó más alegre y locuaz que de costumbre; no se pudo contener y al verlo tan feliz y sin pensarlo le estampó un impetuoso beso junto al Árbol del Amor que regaban ahora entre risas.

Juan ni de su rica veta de plata se acordó, y olvidó completamente el discurso que toda la noche había ensayado, al ver caer racimos de flores blancas del árbol, que así compartía la culminación de tan bello idilio en aquel tranquilo jardín, hoy plazuela de Miguel Auza frente al ex templo de San Agustín.

Desde entonces, las parejas de enamorados consideran de buena suerte refugiarse bajo las ramas del Árbol del Amor, para favorecer la perduración de su romance.

*****

Creo que se trata de una historia bastante desconocida en general, del mismo modo que lo es esta especie arbórea.

Por último, comentaros que el árbol del amor se suele cultivar como árbol ornamental ya que sus flores aparecen antes de que comiencen a brotar las hojas nuevas, naciendo directamente de los troncos más viejos. Además, en el transcurso de los meses de abril y mayo comienza a florecer de manera espectacular, y, aunque el árbol tenga ramas secas, las flores emergen igualmente, permaneciendo durante mucho tiempo, algo que rara vez se puede conseguir en un árbol.

(Juan Lozano)
 

martes, 14 de mayo de 2013

En equipo


Siempre he creído que en este mundo que vivimos, olvidamos hace tiempo lo que verdaderamente importa.
 
Nos inculcan desde que somos niños unos valores erróneos. El éxito personal sólo depende de cuánto dinero ganes o qué lugar ocupes en la escala social que impone el sistema capitalista. Todo vale con tal de lograr tu objetivo a costa de quién sea.
 
Pero si miramos un poco a nuestro alrededor, no cuesta mucho darse cuenta de que esta sociedad que hemos creado entre todos sólo conlleva infelicidad. Frías ciudades repletas de miradas desconfiadas o extraviadas. Seres humanos cada vez más aislados de sus semejantes y de la naturaleza. Falta de empatía hacia el prójimo. Un cúmulo de cosas que se solucionarían con un poco de solidaridad y humanidad. Cambiando nuestra forma de pensar. Descubriendo que tu propio beneficio, bienestar o estado de felicidad reside en el bien que puedes realizar por los demás y por el mismo planeta.
 
Se trata de un equilibrio cósmico, pues todo lo que hacemos para bien o para mal, regresa a nosotros como un boomerang.
 
Mi experiencia vital personal me indica que no hay nada que me haga más feliz que el ver a los que me rodean felices también. Es reconfortante poder ayudar siempre en lo que puedas. Es algo que llena tu interior y te retroalimenta. Son las acciones las que quedarán, los hechos los que hablarán de ti, y eso es lo que realmente merece la pena en la vida, para ser vivida con plenitud.
 
Es por esto, que quiero compartir con tod@s vosotros esta historia de superación personal y compañerismo que invita a la reflexión, más bien una leyenda que circula por la red de redes, verídica a medias.
 
“Hace algunos años, en las olimpiadas para personas con discapacidad de Seattle, también llamadas “Olimpiadas especiales”, nueve participantes, todos con deficiencia mental, se alinearon para la salida de la carrera de los cien metros lisos.
 
A la señal, todos partieron, no exactamente disparados, pero con deseos de dar lo mejor de sí, terminar la carrera y ganar el premio. Todos, excepto un muchacho, que tropezó, cayó y rodando comenzó a llorar...
 
Los otros ocho escucharon el llanto, disminuyeron el paso y miraron hacia atrás.
 
Vieron al muchacho en el suelo, se detuvieron y regresaron... ¡Todos!
 
Una de las niñas, con síndrome de Down, se arrodilló, le dio un beso y le dijo: “Listo, ahora vas a ganar”…
 
Y todos, los nueve competidores entrelazaron los brazos y caminaron juntos hasta la línea de llegada.
 
El estadio entero se puso de pie y en ese momento no había un solo par de ojos secos. Los aplausos duraron largos minutos, las personas que estaban allí aquél día, repiten y repiten esa historia hasta hoy.
 
¿Por qué?...
 
Porque en el fondo, todos sabemos que lo que importa en esta vida, más que ganar, es ayudar a los demás para vencer, aunque ello signifique disminuir el paso y cambiar el rumbo.
 
Porque el verdadero sentido de esta vida es que TODOS JUNTOS GANEMOS”.


La fortaleza reside en el corazón.
Ganar no es lo primero.

(Juan Lozano)



Peter Gabriel & Kate Bush - Don't Give Up
(subtitulada)

lunes, 13 de mayo de 2013

EL VUELO












Despliega hoy tus alas. 

La osadía es tu aliada, 

El coraje, tu fortaleza,

La palabra, tu motriz.


La ventura te saluda,

Y la noche ya partió.

El futuro cumplió su cita,

Mas su promesa recordó:


¡Eres dueño de tu sino,

Sólo emprende el recorrido!

Sortearás piedras en tu camino,

Aún la pena habrá valido,


Lo aprendido portarás contigo.


JUAN M LOZANO GAGO ©
 

domingo, 12 de mayo de 2013

LA ROCA


 
Cuando tus fuerzas flaqueen,
 
La desesperanza aceche,
 
La desilusión aflore,
 
Y la realidad se estampe de nuevo en tu rostro...
 
Recuerda estas palabras:
 
 
"Que la alegría reside en la esencia de una flor,
 
En el canto de un pájaro,
 
En el rayo de luz que refeja un estanque,
 
En el remolino de aire que remueve tus cabellos".
 
 
Cosas insignificantes,
 
Extraordinarias ante mis ojos.
 
 
Graba estas enseñanzas,
 
Pues serán tu cayado.
 
Lección interior,
 
Energía vital.
 
 
JUAN M LOZANO GAGO ©
 

sábado, 11 de mayo de 2013

La leyenda de los Tres Monos Sabios



Todos conocemos o incluso tenemos una representación en nuestros hogares de los los Tres Monos Sabios o Místicos. No en mi caso. No obstante, no es tan sabido (o no nos lo preguntamos) cuál es el origen de tan curiosas figuras, cada una de ellas realizando un simbólico gesto: cubriendo con sus manos, ojos, oídos y boca respectivamente.
 
Los monos han sido sagrados durante siglos: El Hanuman Langur (India), el macaco rhesus (China) y el macaco japonés o mono de la nieve (Japón).
 
ORIGEN.- Para obtener los primeros datos sobre el mismo, hemos de remontarnos en la historia al Sg. VIII. en el que hallamos las primeras leyendas chinas, posteriormente recogidas por escrito en Japón. Si bien existe una escultura de madera muy posterior en el tiempo de Hidari Jingorō en el santuario de Toshogu, en Nikko, Japón, construido entre 1634 y 1636 en el período Edo (antiguo nombre de Tokio).
 
Puente de Nikko, Japón. Patrimonio de la Humanidad

Santuario de Toshogu

ETIMOLOGÍA.- Cada uno de los monos recibe un nombre que hace referencia a los gestos citados supra. De este modo, se les llama:
 
  • Kikazaru (no oye),

  • Iwazaru (no habla)

  • y Mizaru (no ve), tened en cuenta que saru significa mono en japonés.

El dicho "No ver el Mal, no escuchar el Mal y no decir el Mal" tuvo su origen en la traducción del código moral chino santai (la filosofía que promulgaba el uso de los tres sentidos en la observación cercana del mundo observable), porque realmente no se concreta lo que los monos no ven, oyen o dicen.
 
LEYENDA.- Los dioses, preocupados por las malas acciones de los seres humanos, los enviaron a la Tierra. Una suerte de conjuro mágico los dotó de dos virtudes:

Kikazaru: el mono sordo, tenía la misión de observar (vista) a aquéllos que ejecutaban actos execrables para comunicárselo a Mizaru (voz).
 
Mizaru: el mono ciego. No precisaba de la vista y su objetivo no era otro que el de trasladar a su vez los mensajes de Kikazaru al tercero de los monos, Iwazaru.
 
Iwazaru: el último de los tres monos, el mono mudo, prestaba atención a todo lo que le contaba Mizaru para determinar la pena que los dioses impondrían a los responsables de los hechos, además de vigilar su cumplimiento.
 
En la actualidad se encargan de que nadie interrumpa el sueño del Shogun (rango militar) que reposa en su tumba.
 
Como peculiaridad de la idiosincrasia del pueblo japonés, podemos añadir que no es nada recomendable regalar un mono en Japón, pues se le atribuyen socialmente connotaciones negativas.
 
INTERPRETACIONES.-

1) Una persona para alcanzar la sabiduría debe:

- Negarse a escuchar maldades

- Negarse a ver maldades

- Negarse a decir maldades
 
2) Las esculturas de "mizaru", "kikazaru" e "iwazaru", simbolizan el miedo absoluto, puesto que se tratan de las primeras reacciones del ser humano ante una situación de riesgo.

3) O incluso aludir a las tres caras del antiguo dios japonés Vadjra.

 
Espero que os resulte interesante la historia que os he relatado.
 
(Juan Lozano)

 

EL SUEÑO



Había dos hombres en la ribera de un hermoso río.


Uno de ellos, de pie, contemplaba absorto la belleza
 
de aquellas cristalinas aguas en las que resplandecía
 
el sol, y prestaba atención al murmullo que procedía
 
de las corrientes.


Mientras tanto, el otro hombre se hallaba aparente-

mente recostado hacia arriba y con los ojos cerrados.


Entonces el primero le inquirió:

- ¿Acaso no te interesa deleitar tus sentidos con esta
 
maravilla?

 
A lo que le contestó:

- No me hace falta compro-

barlo, sé que es hermoso,

porque Dios lo hizo,

sólo sueño...

¡Cuando crees en algo, todo es posible!

 
JUAN M LOZANO GAGO ©

viernes, 10 de mayo de 2013

REFUGIO


 
Única y singular,

Es de todos, un presente.

 
Nuestra savia, una morada.

Tonos cobalto intenso,
 
Verdemar o esmeralda,
 
Blanco marfil.

 
En tus océanos y arboledas,

En tus cielos y crepúsculos,
 
Mis sentidos confluyeron.

¿Quién no cree en la perfección?


Por tu mano fue alcanzada...
 
Desde el infinito, allende la Tierra.

 
JUAN M LOZANO GAGO ©

 


Rod Stewart - Faith of the Earth
 

EN BLANCO



Piensa que cada amanecer nos regala un libro sin escribir.
 
Tus pensamientos son la tinta, mas tus acciones las palabras.
 
 
Llena las páginas, crea sueños, pero elige con sabiduría,
 
Inteligencia y bondad unidas como faro adoptaría.
 
 
Explora y aprende, confía y sé cauto; depende de ti...
 
Construye sobre la mañana los cimientos de tu futuro,
 
Emplea como ladrillos la generosidad y no el egoísmo,
 
La honestidad frente al engaño.
 
 
Es tu tierra y también la nuestra,
 
Viajemos juntos,
 
Que tus pasos sean los míos,
 
Capítulos de un solo relato.
 
 
JUAN M LOZANO GAGO ©

LAS ESTRELLAS ME GUÍAN














Las estrellas me siguen,
 
Me cuidan.

Ya no habrá más oscuridad.

La luz irrumpió en mi vida.


Y se quedó junto a mí, mi guía.
 
Me atravesó como una flecha encendida,
 
Me hizo ver quién soy y qué quiero ser,

Lejos, muy lejos.


Hasta donde se hallan las antorchas del cielo,

¿Hasta dónde? Hasta donde mi empeño me lleve.

Sólo es el punto de partida, el comienzo,

Pero sé que velan por mí.


La soledad partió, juntos para siempre,

Mientras el sol ilumine mi destino,
 
No temeré al ocaso, ni a las caídas.
 
Siempre hallaré tu mano extendida...


JUAN M LOZANO GAGO ©